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Adaptación de lentes de contacto en baja visión. Casos clínicos
lunes, 1 de octubre de 2012

El uso de lentes de contacto en pacientes con baja visión es limitado debido a los problemas de manipulación de las lentes por el déficit visual. Sin embargo, debe ser una opción a considerar por las grandes ventajas en cuanto a calidad visual.

En este trabajo se presentan dos casos de baja visión debido a miopía magna, en los que se adaptan lentes de contacto exitosamente, mejorando significativamente la función visual y, como consecuencia, la calidad de vida.

Los dos casos expuestos tienen unas características diferenciales que deben ser discutidas. Por un lado, la diferencia de edad entre los pacientes es amplia (25 y 65 años) y, por ello, en la adaptación y revisiones posteriores, es importante tener en cuenta que la edad puede influir en las características fisiológicas oculares, como la presencia de ojo seco, y también en la manipulación. En segundo lugar, hay diferencias en el tipo de material de la lente de contacto seleccionada (HEMA-GMA vs LRPG). En graduaciones elevadas, es preferible el uso de lentes de contacto RPG por la calidad visual, homogeneización de la superficie corneal y durabilidad. Sin embargo, la elección final deber ser consensuada con el paciente.

En ambos casos, la adaptación de lentes de contacto permite mejorar la calidad visual del paciente. En contraste con las lentes oftálmicas, las lentes de contacto proporcionan una mayor agudeza visual, campo visual y contraste y un aumento de la imagen retiniana. Se puede observar la variación en el tamaño retiniano en función del tipo de corrección (gafas o lentes de contacto), apreciándose un aumento de la imagen al compensar con lentes de contacto, debido a la aproximación de la refracción a la superficie ocular. Además, en casos con fuertes anisometropías como en el caso 2, las lentes de contacto constituyen la única posibilidad de la corrección total binocular. Por otro lado, las lentes de contacto proporcionan gran comodidad y estética, ya que se evita el uso continuado de gafas generalmente pesadas debido al grosor de las lentes.

Sin embargo, cuando se adaptan lentes de contacto a personas con baja visión, siempre hay que tener presente que existen una serie de inconvenientes. Debido al déficit visual, los pacientes suelen presentar dificultades en la manipulación de las lentes y los líquidos de mantenimiento, pérdidas o confusión para diferenciar las lentes de cada ojo o la posición correcta en el caso de lentes de contacto blandas. Por otro lado, el paciente tiene más dificultades en la detección de complicaciones oculares, como ojos rojos. Estos inconvenientes pueden intentar solventarse con elementos ópticos en el plano de la gafa o con la ayuda de una tercera persona. Además, debido a la mejoría de la calidad visual respecto a las gafas, algunos pacientes suelen hacer un uso excesivo de las lentes, por lo que se recomienda seleccionar lentes de contacto con alta permeabilidad y un sistema de limpieza sencillo y efectivo, además de un consejo constante por parte del ópticooptometrista sobre el cuidado de su salud visual.

En principio, la adaptación no tiene que ser diferente a la adaptación de un paciente sin discapacidad visual. No obstante, dentro de ellas, dependerá del tipo de lente a adaptar y del caso. Habrá que hacer hincapié en la manipulación de la lente y su mantenimiento y el paciente deberá ayudarse de otros elementos ópticos en el plano gafa y, si es necesario, deberá contar con el apoyo de otra persona.

Dado que se trata de pacientes con déficit visual irreversible desde un punto de vista oftalmológico, se debe considerar la valoración de ayudas ópticas, no ópticas y electrónicas específicas de baja visión para mejorar su calidad de vida desde un punto de vista funcional y psicológico. En estos casos compensados refractivamente mediante lentes de contacto, puede considerarse la adaptación de lupas de mano o gafas prismáticas de potencia moderada (5-16 D) y el control de la iluminación mediante flexos de luz fluorescente para tareas lectoras. Además, puede ser necesario el entrenamiento en visión excéntrica para la creación de un nuevo locus retiniano preferencial (PRL) o la utilización de prismas recolocadores de la imagen. Los telescopios para visión de lejos suelen ser una ayuda muy práctica, aunque muy poco solicitada por los miopes magnos. En algunos pacientes que presentan una baja AV o mala visión nocturna, puede ser necesario el entrenamiento en desplazamiento con bastón o guía humana.

En exteriores se beneficiarán de filtros especiales de corte para evitar el deslumbramiento y mejorar la adaptación luz-oscuridad. La nitidez y claridad de la imagen retiniana está determinada por la capacidad de enfoque de la imagen en la retina, la dispersión de la luz y la absorción producida al atravesar los medios oculares. La dispersión, sobre todo de longitudes de onda cortas, produce efectos nocivos en cuanto al deslumbramiento y a la pérdida de contraste, más marcados en las personas con baja visión que en los sujetos sanos. Los filtros de corte actúan de forma selectiva sobre dichas longitudes de onda, paliando en buena medida estos problemas. Muchos trabajos han estudiado los efectos beneficiosos que la utilización de este tipo de filtros produce en las personas con baja visión, en cuanto al aumento del contraste, la eliminación del deslumbramiento y la reducción de los tiempos de adaptación a los cambios de iluminación

Desde un punto de vista psicosocial, el momento más difícil que tiene que afrontar el paciente es cuando se producen lesiones retinianas irreversibles. El entorno socio-económico y cultural que rodea al paciente va a ser determinante en el proceso de aceptación y superación. Un entorno socio-económico estable contribuirá positivamente a afrontar la difícil situación, mientras que una situación desfavorable en el momento de enfrentarse a la discapacidad puede llevar a la ansiedad y a la depresión. Por otro lado, cabe destacar que la miopía magna es una enfermedad que afecta al grupo de edad de población activa, donde a la dificultad de desenvolverse en el mercado laboral hay que añadir una discapacidad visual. La legislación española permite la incorporación en el mercado laboral de personas con discapacidad, pero el desconocimiento y la falta de orientación hace que se pierdan oportunidades y se descuiden estos derechos. Tampoco hay que olvidar el nivel formativo de la persona: una persona con una formación integral y unos adecuados recursos psicológicos estará mejor preparada para afrontar la nueva situación.

En resumen, a pesar de que el uso de lentes de contacto en pacientes con baja visión es limitado debido a los problemas de manipulación de las lentes por el déficit visual, debe ser una opción a considerar por las grandes ventajas en cuanto a calidad visual. Un uso combinado con gafas puede ser una excelente opción

Para descargar el artículo completo pinchar en el siguiente enlace Adaptación de lentes de contacto en baja visión

Fuente: artículo publicado en Gaceta Óptica

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