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Programas de retinopatía del prematuro para evitar la ceguera
Lunes, 30 de Diciembre de 2013

Diario Médico.

Un equipo del Chuvi ha seguido a 360 neonatos y tratado con éxito a los afectados. El tratamiento de elección es fotocoagulación con láser de la retina avascular del paciente.

La retinopatía del prematuro es una patología grave que precisa de un tratamiento rápido para evitar secuelas irreversibles. Los programas de atención oftalmológica a estos pacientes consiguen llevar un control estricto del niño y evitar la ceguera. El Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) cuenta desde hace seis años con un programa específico y su experiencia así lo certifica.

El Servicio de Oftalmología, que dirige Severiano Campos García, ha hecho un seguimiento de 360 neonatos en los últimos seis años y 15 han recibido tratamiento, consiguiendo el objetivo en todos los casos. “El resultado es importantísimo porque se trata de que una persona pueda ver en lugar de quedarse ciega”, explica Campos.

La primera exploración del neonato se realiza entre la cuarta y sexta semana de vida. A todos los niños se les reconoce el fondo del ojo utilizando un blefaróstato. Se recoge una imagen digital con el sistema Retcam, cámara de campo amplio (130 grados) que se utiliza para la captación de imágenes de la retina. Las siguientes revisiones se hacen dos veces por semana, cada semana o cada dos o tres semanas, según la gravedad.

Evolución rápida

Si la retinopatía es muy grave, es preciso tratarla durante las primeras 48 horas. Si la patología tiene un grado más leve, se sigue controlando. “Tan importante es el seguimiento como el tratamiento porque la retinopatía evoluciona rápidamente. Un niño puede quedarse ciego en 48 horas, por lo que el seguimiento tiene que ser muy estricto”, explica Ana Campo, responsable de este programa en el Chuvi.

El tratamiento consiste en la fotocoagulación con láser de la retina avascular porque es donde se desarrollan los factores vasoproliferantes causantes de la enfermedad. El haz de láser alcanza la retina a través del orificio pupular, por lo que la lesión de la esclera y tejidos circundantes es mínima.

Normalmente, se necesita sólo una sesión; cada ojo recibe unos 1.500 disparos, que tienen que ser muy confluyentes. Transcurridas 72 horas, se comprueba la evolución; si el láser ha sido eficaz, se examina después cada semana.

El oftalmólogo ha de superar una curva de aprendizaje de al menos seis meses, según Ana Campo, pues la técnica no es fácil. Al tiempo que se maneja el casco con el láser que se coloca en la cabeza, hay que realizar los disparos con el pie, manejar la lente con una mano y con la otra el ojo del bebé.

A cada ojo se dedica entre media hora y 45 minutos. Hay niños que están en incubadora porque sólo precisan ganar peso y, por tanto, pueden recibir el tratamiento en el exterior, pero otros están intubados, con oxígeno o recibiendo alimentación parenteral, y tienen que ser tratados dentro.

La mayoría de neonatos de menos de 750 gramos presentan algún grado de retinopatía. En torno al 40 por ciento presenta enfermedad moderada y el 18 por ciento, grave.

Revisión histórica de las intervenciones de catarata: desde la cirugía extracapsular al láser femtosegundo

El programa oftalmológico de atención al prematuro del Complejo Hospitalario Universitario de Vigo (Chuvi) ha sido uno de los argumentos destacados del programa de las últimas Conferencias Gallegas de Oftalmología, celebradas en la ciudad olívica y en las que han intervenido expertos de hospitales de toda España. También se ha realizado una revisión histórica de la cirugía de catarata: “Hay que saber de dónde venimos. Las nuevas generaciones tienen que conocer la evolución porque muchos piensan que la catarata siempre se operó como ahora”, ha comentado el jefe de Oftalmología del Chuvi, Severiano Campos.
Los especialistas reunidos en Vigo han repasado los cambios producidos desde la introducción de la cirugía extracapsular hasta la utilización del láser femtosegundo, que supone una evolución de la cirugía que viene utilizándose desde 1990: la facoemulsificación por ultrasonidos. Esta técnica no depende de manera tan directa de la destreza manual del oftalmólogo, ya que reproduce con precisión micrométrica las microincisiones previamente diseñadas por el cirujano en el ordenador, al que el láser está conectado.

Sin embargo, Severiano Campos ha señalado que todavía no están claras las ventajas sobre el resultado final con respecto a la facoemulsificación por ultrasonidos, que ofrece una solución “excelente” y tiene éxito en el 99 por ciento de los casos gracias, no solamente a la tecnología, sino también a los antibióticos y antisépticos que se administran para evitar las infecciones posquirúrgicas

Fuente: oftalmologia.diariomedico.com

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